Una vez más la doctora sostenible nos ilustra con un tema muy controvertido, las especies invasoras. En este caso, las cotorras, que suponen una amenaza para los ecosistemas “locales”.

De un tiempo a esta parte, en España, se habla de controlar y erradicar unas pequeñas, ruidosas y vistosas aves que sobrevuelan por nuestros parques y ciudades: las cotorras argentinas y las cotorras de Kramer. La solución a tomar es complicada y, desgraciadamente, tampoco es nueva.

Solemos asociar la presencia de distintas especies al sinónimo de sostenibilidad, pero no siempre es así. En particular, las especies mencionadas arriba son especies autóctonas, cuya adaptación a nuestros ecosistemas puede acarrear más problemas que beneficios.

E.M.C. 2014

En los últimos años, estas aves se han multiplicado exponencialmente, entre otras cosas por la falta de depredadores, su gran éxito reproductor y su gran adaptabilidad al medio, así como la abundancia de recursos (alimenticios y de áreas de cría). Este crecimiento incontrolado provoca que otras especies autóctonas se vean afectadas. Sólo hay que pasear por algún parque y echar unas migajas a los gorriones, palomas o urracas, para ver que en unos segundos estas aves vistosas (las cotorras) aparecerán de la nada. Al ser más grandes y/o más rápidas, les quitarán esas migajas a tanto a los gorriones como a las palomas en un visto y no visto.

Abundancia de cotorra argentina en España en el 2015. Molina et al. 2016 (10.13140/RG.2.2.21194.57287)

Estas especies afectan a nuestros ecosistemas en varios factores fundamentales:

  • Son transmisores de enfermedades, tanto a la fauna como al humano, como la Chlamidophila
  • Los nidos pueden llegar a formar colonias con decenas de individuos alcanzando hasta 50kg de peso. Incluso se han encontrado en estructuras eléctricas. Además, utilizan brotes y ramas pudiendo llegar a secar un árbol.
  • Expulsan a aves autóctonas de sus nidos e incluso atacan a los murciélagos (Hernández-Brito y cols. 2014a)
  • Estas especies emiten graznidos estridentes y pueden causar molestias, especialmente durante las horas nocturnas.
  • Se alimentan fundamentalmente de granos y frutos, lo que ya ha provocado importantes daños en la agricultura (Senar y cols. 2016).

Ambas especies fueron incluidas en el Catalogo de Especies Exóticas Invasoras en el año 2013 (Real decreto 630/2013, 2/08/2013), quedando prohibida su introducción en el medio, posesión, transporte, tráfico y comercio. De esta manera se declaró como una especie que se podía cazar, capturar y matar para lograr su extinción.

La erradicación de las especies invasoras es normalmente la medida a tomar preferentemente, primero por ser menos costoso (el control de especies implica una financiación a largo plazo) y segundo para conseguir tener los ecosistemas tengan las condiciones que tenían previas a la invasión. Las medidas a tomar con las especies invasoras para controlar estas especies están siendo infructuosas. Hasta ahora se ha atacado a los grandes grupos coloniales y los pequeños se han ignorado hasta ahora, por lo que pueden funcionar como fuente y expandirse. Además, Las distintas medidas tomadas (eliminación y destrucción de nidos, pinchar los huevos para evitar su viabilidad, utilización de anticonceptivos y capturas de animales). A día de hoy, la medida que parece ser la más efectiva es la eliminación de ejemplares adultos (Conroy y Senar 2009, Prue-Jones y cols. 2007).

La pregunta a hacerse en este punto sería la que el investigador Dr. José Postigo de la Universidad de Málaga se plantea: ¿Qué método es más cruel, encerrar a un ave en una jaula de por vida o aplicarle la eutanasia de forma “eficaz y rápida”? Complicada respuesta…

La Doctora Sostenible

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